Hace unos pocos días estuve en Mura y volví a ver a Marc Perich, uno de los protagonistas en dos de mis películas. Comí en Cal Carter y, como siempre, ¡menudo placer! Fina y Jordi, dueños del restaurante y padres de Marc, me recordaron que ya hacía dos años desde la última vez que nos habíamos visto, exactamente en Sala 33, un programa de TV3 en el que Àlex Gorina, justo antes de emitir Bolboreta, mariposa, papallona, nos entrevistó a Marc y a mi. Si quieres ver o recordar aquella entrevista puedes hacerlo aquí.

Verles a ellos, pero también ver el pueblo de Mura de nuevo me ha llenado de felicidad y es que nada más pasar Rocafort, cuando empiezas a descender por la estrecha carretera de curvas en dirección a Mura, te fundes con cualquiera de las estaciones en las que te encuentres, estos días la primavera, y empiezas a tener la sensación de entrar en un valle, el del Montcau, en el que se guarda un tesoro. Y es que, a poco más de 50Kms. de Barcelona, las montañas aun huelen a bosque, los pájaros cantan pero de verdad y la gente pasea haciendo honor al paseo, es decir, camina con la calma que puede darle a uno el sentirse y formar parte de todo lo que, en ese momento, a uno le rodea. Y esas sensaciones no sólo suceden por la sensibilidad propia de la naturaleza, sino, también, porque la gente de aquel lugar ama y cuida de verdad el pueblo en el que habita.

Vistes de Mura

Vistas del pueblo de Mura. Fotografía extraída del blog Ós Gris

La historia de ese vínculo cinematográfico entre Marc Perich y yo mismo se inicia, como decía, en 2005, primer año en el que yo participo del proyecto Cinema en Curs y en el que voy a las escuelas rurales de La ZER el Moianés, entre las que se encuentra la escuela de Mura de la que Marc Perich, por aquellas fechas, era alumno junto a Cristina y Noelia y cuya profesora, Mireia, es de aquellas personas que llevan la profesión en la sangre y que, por encima de cualquier otra consideración, sabe escuchar. Por eso imagino que andaba por una escuela como la de Mura y por eso también imagino que escogió participar en un proyecto como el de Cinema en Curs, que, siendo tan fascinante, requiere también de una dedicación muy grande por parte de docentes y profesionales del cine. Como detalle apuntar que Marc, desde que lo conozco, ha sido un niño tremendamente culto y, por aquel entonces, con 8 ó 9 años de edad, ya le arrebataba hacer construcciones egipcias en el patio al tiempo que le explicaba, a cualquiera que se le acercase interesado por su construcción, la historia de los reyes de Egipto.

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Noelia Ibañez y Marc Perich (alumnos de la escuela de Mura) en las primeras clases de Cinema en Curs. En este caso la fotografía está realizada en la escuela l’Esqueix de Monistrol donde Marc y Noelia hicieron parte del curso. Fotografía cedida por A Bao a Qu.

Ese año fue mi primer año en Cinema en Curs como profesional de cine y por tanto fue el primer año que hicimos Minutos Lumière con los alumnos; se trata de una experiencia cinematográfica que se realiza en la primera etapa del curso y en la que cada alumno, sin posibilidades de repetir ni de mover la cámara, debe filmar una imagen de su entorno cotidiano durante un minuto. Su nombre y la idea esencial está en función de aquellas primeras imágenes tan sumamente evocadoras que registraron, alrededor del mundo, los hermanos Lumière. No en vano, los niños y niñas, antes de rodar sus minutos, ven detenidamente algunas de aquellas primeras filmaciones de los hermanos Lumière y a partir de éstas y de estudiar su entorno terminan escogiendo qué filmar y lo hacen con sumo cuidado y dedicación porque son conscientes de que sólo podrán rodarlo una vez y que, además, dispondrán de equipos profesionales de sonido e imagen para mostrar, cada uno, ese rincón de vida que escojan.

Recuerdo que Marc Perich en su primer año de Cinema en Curs rodó la vida cotidiana de la barra del bar de Cal Carter, actualmente reformado, de tal forma que la imagen de Marc se ha convertido en un documento único de aquel lugar que ya no existe como tal. Actualmente aquella antigua barra ha pasado a ser un ascensor y parte de la nueva y ampliada cocina del restaurante. Al año siguiente, Marc rodó la imagen de una sartén sobre un gran fogón de una cocina profesional en la que Jordi, su padre, hizo una tortilla de patatas. Mientras escribo no puedo evitar recordar el sabor de las tortillas que hace Jordi y es que comer en Cal Carter se convierte en una experiencia inolvidable.

Siguiendo con la explicación del vínculo que nos une cinematográficamente a Marc y a mi, diré que, meses antes de aquella tortilla, yo había rodado en Galicia con gente de Porto do Son y con los estupendos actores Fele Martinez, Tzeitel Rodríguez y David Bendito lo que a priori iba a ser todo el material que compondría mi segundo largometraje “Bolboreta, mariposa, papallona” pero a la hora de la verdad, ya en Barcelona y en el proceso de montaje de todo el material rodado en Galicia, no encontré la manera de transmitir la esencia de aquello que quería contar inicialmente.

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Fele Martínez durante el rodaje de “Bolboreta, mariposa, papallona”. Aquí en Filmin puedes ver el largometraje completo.

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Tzeitel Rodríguez y Fele Martínez en un momento de descanso en la puerta del Restaurante Horreo donde tan bien nos atendieron en nuestros días de rodaje en Porto do Son.

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Tzeitel Rodríguez y David Bendito en una escena en el interior de la furgoneta en la que Santi (David Bendito) reparte el pan por las aldeas gallegas. Aquí en Filmin puedes ver el largometraje completo.

Así pues, durante varios meses, combiné mis viajes a las escuelas de la ZER El Moianés con mi vida en Barcelona. Mientras en la ciudad me peleaba en la sala de montaje con el material rodado y me deprimía al no poder extraer del mismo la esencia que buscaba para mi película, en los pueblos de Mura, Monistrol, Calders y Castellcir me encontraba con un grupo de infantes y maestras con energía y con ideas suficientes como para parar un tren. Con ellos, en paralelo a aquel arduo montaje que no encontraba su fin, preparábamos la recta final de Cinema en Curs: la elaboración de una película corta. Durante todo ese proceso de creación, los niños y niñas, entre los que se encontraba Marc Perich, pensaban una idea, desarrollaban un guión, establecían grupos de trabajo, localizaban espacios adecuados en base al guión, estudiaban las horas de luz, realizaban un rodaje con equipos profesionales, decidían la banda sonora, montaban en ordenador y, finalmente, veían la película en una pantalla grande de un cine de Barcelona.

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Alumnos de la escuela La Popa de Castellcir en un día de rodaje en el bosque. Fotografía cedida por A Bao a Qu.

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Alumnos de la escuela Anton Busquets i Punset de Calders en un día de rodaje. Fotografía cedida por A Bao a Qu.

Pues bien, uno de esos días en los que los alumnos de Cinema en Curs estaban tremendamente ilusionados porque empezaban el rodaje de su película y en los que, por contra, yo seguía sumido en una depresión creativa ante los escasos avances que se producían en la sala de montaje de Barcelona, llegué en coche a la escuela pública L’Esqueix de Monistrol; de allí, toda la clase y Conchita, su profesora, nos debíamos desplazar siguiendo el cauce de un pequeño río hasta llegar a la localización escogida por los niños: una piscina natural en la que la brisa producía pequeñas ondas en el agua y los rayos de sol se filtraban entre los cañizales y la arboleda. En el camino, las voces expresivas de los niños, que desbordaban ideas para el rodaje, se entremezclaba con los sonidos y con los silencios de la naturaleza. El rodaje, como de costumbre, transcurrió plácidamente y al acabar, los niños y niñas se despidieron de mi emocionados por lo que para ellos había sido un gran día; yo, emocionado también, cogí el coche de regreso a Barcelona lleno de aquel aire fresco que allí se había vivido.

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Alumnos de la escuela l’Esqueix de Monistrol en uno de esos días de rodaje. Fotografía cedida por A Bao a Qu.

Ya en la C58, creo recordar que recién pasado Sabadell y un poco antes del desvío a Cerdanyola, me detuve en caravana. Se trataba de un lugar bastante sórdido repleto de asfalto y de coches; llevaba la radio pero no recuerdo qué estaba escuchando porque durante todo el camino había ido debatiéndome en posibles soluciones para aquel montaje fallido de lo que debía ser mi segundo largometraje; algo que no hacía más que atormentarme: dos televisiones, el Ministerio de Cultura, tres productoras, un equipo de rodaje de más de 20 personas, un pueblo entero habían creído en mi y se podían ver frustrados y, lo que es peor, yo, ante tanta responsabilidad, también podía dejar de creer en mi capacidad creativa. De repente, entre las luces de frenado que se apagaban y encendía frente a mi, pues avanzábamos en acordeón, una luz multicolor que provenía de La ZER El Moianés se fijó en mi mente cual estrella que revela el camino, una luz irradiada también por Cinema en Curs, por Marc Perich, Sara Cortés, Noelia Ibañez, Lorena Cortés, Dina Reinaldo, Aitor Guiteras, Andrei Constantín y todos y cada uno de los niños y niñas que me habían insuflado aquel aire fresco, una luz que me revelaba con seguridad y firmeza la solución ante todos mis atascos en el montaje del material filmado en Galicia. Una luz que me decía que los alumnos de Cinema en Curs, que tanto sabían de cine y que tanto habían disfrutado haciendo cine, eran la solución creativa a una película que necesitaba un giro completo.

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Andrei Constantín, co-protagonista de la película “Bolboreta, mariposa, papallona” y alumno de la escuela La Popa de Castellcir, con la claqueta en uno de los días en los que hacía Cinema en Curs. Imagen cedida por A Bao a Qu.

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Aitor Guiteras, co-protagonista de la película “Bolboreta, mariposa, papallona” y alumno de la escuela La Popa de Castellcir, con el micro MKH-416 Sennheiser  en uno de los días en los que hacía Cinema en Curs. Imagen cedida por A Bao a Qu.

 Así fue como Marc, Sara, Andrei, Aitor, Noelia y otros niños y niñas de las escuelas de La ZER El Moianés pasaron a formar parte de “Bolboreta, mariposa, papallona” y no sólo eso, sino que se erigieron como protagonistas y reinventores del material que yo había filmado. Aquellos niños y niñas que respiraban aire fresco y que miraban impregnados de esa misma frescura, por suerte, me abrieron los ojos a mi. Mientras yo les filmaba con una cámara DVX100 de Panasonic ellos revisaban fotogramas de mi antiguo montaje, observaban fotografías de las personas que yo había filmado en Porto do Son, las recortaban y hacían murales con escenas de la antigua película y entre tanto se inventaban nuevas historias en función de los rostros que recortaban, en función de sus edades o en función de cualquier detalle que observaran en las imágenes; establecían relaciones amorosas que no habían existido hasta entonces entre Víctor (Fele Martínez) y las redeiras de Porto Sin, entre Laura (Tzeitel Rodríguez) y los marineros del Son, entre Santi (David Bendito) y la maestra o entre algunos adolescentes del pueblo gallego y así fue como en un gran atasco en la C58 de Barcelona, “Bolboreta, mariposa, papallona” se convirtió en lo que esencialmente era mi idea primigenia: una película que a través de la creación artística y desde la mirada de niños, adolescentes y adultos hablaría, tal y como yo pretendía en el inicio, del amor en todas las edades.

Gracias pues a Cinema en Curs y a los niños y niñas de las escuelas de la ZER El Moianés por haber hecho, junto a la gente de Galicia y a esos tres actores que ya he citado, Tzeitel Rodríguez, Fele Martínez y David Bendito una película fresca, genuina, personal y sincera.

Si quieres ver o volver a ver el largometraje “Bolboreta, mariposa, papallona” puedes entrar aquí.

Y aunque hoy ya dejo de escribir, anticipo un posible artículo próximo pues mi vínculo cinematográfico con Marc Perich no termina aquí y es que después de ese primer año de Cinema en Curs Marc empezó a hacer pequeñas animaciones con Lego y eso, junto a nuestra relación de amistad y su expresividad en “Bolboreta, mariposa, papallona”, le llevó a ser de nuevo protagonista, junto a su prima Sara Cortés y otros habitantes de Mura, de mi siguiente trabajo: un documental (producido por Doble Banda en coproducción con TV3) sobre el cine rodado en Mura. Y es que como se puede intuir con lo dicho hasta ahora, Mura es verdaderamente un pueblo de cine.  Como aperitivo este corte de aquella película que titulé precisamente “Mura, un poble de cine”.