Hace unos meses, exactamente el 11 de mayo de 2012, tuve la suerte de poder grabar en el bar Mitte de Barcelona un encuentro organizado por la revista digital “Preferiría no Hacerlo” entre Chantal Maillard y Carlos Skliar en el que ambos leyeron unos textos.

Invitación de aquel encuentro organizado por la revista “Preferiría no hacerlo” que tuvo lugar en el bar Mitte de Barcelona. Imagen extraída de la web del programa de radio también llamado “Preferiría no Hacerlo” que Carlos Skliar conduce junto a su sobrino en Argentina.

En aquel momento sólo conocía a Carlos Skliar, por quien ya sentía admiración; a Chantal nunca la había visto antes y tampoco la había leído. De entrada, cuando Carlos me la presentó aquel 11 de mayo, hacia las siete de la tarde, ya en el interior del bar Mitte y justo después de darnos dos besos, lo primero que me dijo Chantal, de forma muy sincera, es que no le hacía mucha gracia ser grabada y que igual sería mejor no hacerlo. De hecho, con toda la razón del mundo, me aseguró que le parecía más cercano e íntimo el ambiente tan especial de ese bar, sin tanto tinglado técnico, sin tantas cámaras y sin tanto artificio. Yo, pese a pensar que tenía razón y llegando incluso a asentir con la cabeza y a decir con mi propia voz que sin cámaras los ambientes son siempre más íntimos, me quedé anonadado: primero, porque la idea y el encargo de grabar ese encuentro provenía inicialmente de Carlos Skliar así que, por derecho, podía convertirse en realidad el deseo de Chantal y no ser grabado el encuentro; segundo, porque ya llevaba unas horas subido a una escalera colocando y ajustando focos; tercero, porque Verónica Font, había hecho lo propio con sus micros y ya llevaba un buen rato tirando cables y cuarto, porque Leonor Miró llevaba el mismo tiempo aguantando la escalera y preparando la segunda cámara que sería, entre otros, uno de sus cometidos profesionales. Vamos, que los tres llevábamos ese día un buen rato trabajando en ese proyecto de grabar a Carlos y a Chantal.

Finalmente, el susto no pasó a mayores y sea como fuere Chantal accedió a ser grabada. Yo, desde mi nuevo blog, se lo agradezco sobremanera porque me ha encantado montar sus palabras, su rostro y sus manos.

Bien, se lo agradezco por eso y porque allí mismo, en aquel ambiente del bar Mitte, Chantal consiguió despertarme de un letargo no sólo con sus exquisitas, sinceras y profundas palabras, sino con su personalidad y su admirable presencia; qué fuerza llega a tener una persona cuando ama lo que hace y cuando le ha dedicado tanto tiempo a aquello que ama. Puedo pensar, sólo con haberla escuchado una vez, que Chantal ama como nadie el pensamiento, las palabras, la vida y la expresión sincera del saber decir. Con tanto, como con tan poco, tantas cosas dice, tantas cosas dijo y tantas cosas nos llevamos los que la escuchamos que hasta se hizo, al acabar de soñar y leer con su voz, el silencio más profundo y sincero para que toda ella, todas sus manos, todo su rostro, nos quedase en el recuerdo y luego, más allá de ese fabuloso e intenso silencio, un largo y caluroso aplauso.

Una de las publicaciones que Chantal Maillard trajo a ese encuentro entre ella y Carlos Skliar.  “Bélgica” de Chantal Maillard. Ed. Pre-textos. Imagen extraída de la web de Ojanguren librerías.

Gracias Chantal por haberme dejado estar y hacer contigo y con Carlos, junto a Carlos y junto a ti, de aquel encuentro en el que te conocí, esta serie de múltiples “Instantes” de los que hoy cuelgo el primero, en este mi nuevo y recién nacido blog.

A Carlos, en cambio, ya lo conocía y ya lo admiraba, también por como lee, también por como piensa, también por como mira y también por su voz; fue él el que me había propuesto grabar este encuentro y fue, también él, el que me ayudó a dar con la esencia de estos “Instantes” que, finalmente, Son. En concreto, dimos con la forma, con la que grabaríamos aquel encuentro entre él y Chantal, a principios de Mayo, mientras nos tomábamos una cerveza en un bar próximo al Macba de Barcelona; allí, con la serenidad de sabernos con tiempo por delante, decidimos que, para la grabación, no sacaríamos las cámaras del interior del Mitte, que no edulcoraríamos aquel encuentro con ninguna otra imagen filmada en ningún otro lugar, ni en ningún otro tiempo; en definitiva, que nos quedaríamos en la pureza de la voz, la palabra y la mirada del preciso instante que tendría lugar. Luego, reflexionando a posteriori, me doy cuenta de la importancia de escuchar y atender las ideas de los demás y de sentirte escuchado; qué fuerza da realmente el que haya una relación de ida y vuelta en una conversación entre dos. No hicimos más que eso, compartir y charlar escuchándonos y de ahí decidimos que las manos, que los textos que tendrían sobre la mesa, que las tapas de los libros que llevarían, tanto él como Chantal, serian más que suficientes para multiplicar por si mismos el instante, los instantes… y por último, nos encantó la idea de que los rostros del público presente en aquel espacio-tiempo tuviesen también su presencia y así ha sido; Carlos escribe, sí, pero también observa, también vive y también absorbe; Carlos sabe mucho de cine, también de mi propio cine y de mi mirada, pero no sabe de ella sólo por mi mirada sino porque él mira, porque él sabe mirar, porque pasea muy bien mirando a los lados, para arriba, hacia atrás y adelante y de sus paseos le emana la vida y la escribe y la mima y la mira, sin prisas.

Una de las publicaciones, además recién editada en aquel momento, que Carlos Skliar trajo a ese encuentro entre él y Chantal Maillard.  “No tienen prisa las palabras” de Carlos Skliar. Ed. Candaya. Imagen extraída de la web de la editorial Candaya .

De aquel encuentro surgió una pieza de unos 36 minutos producida por Producciones Doble Banda que publicaré más adelante, pero, por ahora, prefiero empezar con la publicación uno a uno, y espaciados en el tiempo, de todos los instantes que surgieron de aquella maravillosa lectura entre Carlos Skliar y Chantal Maillard en el bar Mitte de Barcelona un 11 de mayo de 2012.

Si pulsas aquí puedes ver este “Instante 1”.