Humans a Venta Micena es un regalo para mi mirada. Lo es por muchas razones, una por cómo se pudo llegar a deleitar mi vista desde el momento en que este proyecto me permitió descubrir los paisajes de Granada que rodeaban aquella pequeña población cercana a Orce.

Fotograma del documental Humans a Venta Micena. Uno de los paisajes en los alrededores de Venta Micena (Orce, Granada)

Otra, porque como director de fotografía y co-montador de este documental, conviví más profundamente y compartí momentos muy especiales con Germán Balart, el director de este trabajo; al que yo ya conocía, entre otras cosas, por haber estudiado juntos en el CECC y haber fundado, con otros amigos, la asociación Grup Cinema de l’Ateneu.

También es un regalo, por haber compartido esa misma emoción con Verónica Font y Leonor Miró, personas a las que admiro, entre otras muchas virtudes, por la devoción y la personalidad con la que se plantean cada proyecto; además de ser dos inmensas amigas con las que no he dejado de compartir, emocional y profesionalmente, la mayoría de los trabajos que hemos tenido la suerte de poder hacer desde que nos conocimos en el CECC.

Y por último, la inmensa satisfacción que me produce el haber conocido a la familia Gibert y a los colaboradores del Dr. Josep Gibert. No puedo expresar con palabras lo que supone estar en las cuevas de Venta Micena rodeado de ese puñado de personas tan maravillosas. Personas que aman lo que hacen hasta tal punto que, sin proponérselo y quizá por eso, consiguen que tú también lo ames. Gente con una sabiduría de la vida, de nuestra historia, de su oficio, de la ciencia, de la pintura, de la música, de la escultura… tan inmensa y tan humilde a su vez, que el mero hecho de estar con ellos es simplemente gratificante. Días y días de intenso rodaje en Venta Micena y de contemplación de sus paisajes infinitos en los que la mirada se pierde para dejarse embaucar por el trigo, por el aire seco, por el calor, por los pedregales, por los cielos inabarcables; a veces tan limpios que casi te ahogan y a veces tan repletos de nubes algodonosas y cautivadoras que en realidad te están insinuando que jamás descargaran agua para apagar la sed de las tierras que también las contemplan.

Fotograma del documental Humans a Venta Micena. Una de las cuevas donde se aloja la familia del Dr. Josep Gibert en aquellos periodos que pueden disfrutar de Venta Micena (Orce, Granada)

En ese paisaje, entre los cuadros de Pepa Beotas que mira a cada instante a Josep Gibert como si fuese la primera vez que lo viera y entre los pensamientos de Josep Gibert que estudia el alma del universo, al tiempo que le contesta a Pepa con la misma mirada e idéntica sonrisa que aquella que, seguro, le lanzó él a ella la primera vez que se vieron; con sus hijos Lluís, Blanca y Patxu, que pese a la polémica suscitada por el hueso encontrado por su padre, siguen ahí al pie del cañón dispuestos a todo con tal de que la verdad de las cosas se coloque en su lugar, en ese lugar que merece su lucha. Tres hijos encantadores que tienen esa maravillosa elegancia de poder suavizar el sufrimiento para dejar más visible la parte del alma sonriente que es muy grande en ellos y a la que cuidan como a un preciado tesoro, recordándonos a cada instante que sus padres pudieron y supieron darles una infancia feliz.

De izquierda a derecha: Blanca Gibert, Pepa Beotas,Patxu Gibert, Josep Gibert y Lluis Gibert. Fotografía cedida por la familia Gibert.

Una familia que, junto a los colaboradores de Gibert, vive y ama Venta Micena y que año tras año han luchado por extraer la luz de la Historia que durante cientos de miles de años se ha guardado enterrada en aquellas tierras. Una luz que empezó en 1982 con el descubrimiento del cráneo del Hombre de Orce y que suponía una revolución en la historia de la paleontología. Una luz que podía haber brillado desde el principio pero que después de casi ser extinguida sin miramientos por el descrédito de los medios de comunicación y de algunos científicos y políticos con intereses poco claros,  hoy vuelve a relucir con la fuerza que se merece, pues la comunidad científica que todavía cree en la ciencia y quiere hacer Ciencia (con mayúsculas), ya no puede poner en duda las teorías del Dr. Gibert.  Lamentablemente el Dr. Gibert murió el 7 de octubre de 2007 y no pudo disfrutar en demasía del reconocimiento que ya le profesaban sus colegas científicos pero hoy sus colaboradores más directos deberían tener el derecho -si es que no lo tienen todavía- de continuar agrandando la historia de la paleontología y continuar desde Venta Micena, sin trabas político-científicas, aquellos trabajos y aquel legado tan inmenso e importante que él nos dejó.

Fotograma del documental Humans a Venta Micena. Josep Gibert sentado frente a una de las cuevas de Venta Micena (Orce, Granada)