Alicia Retratada, como muchos de los trabajos cortos que he hecho, surge en uno de esos paréntesis temporales, que en mi caso suelen ser bastante largos y que siempre se dan entre que terminas un proyecto cinematográfico más grande y puedes empezar el siguiente. El guión nace, entre otras cosas, de mi pasión en aquel momento por la fotografía. Era una época en la que devoraba todo lo que se me ponía por delante en el terreno fotográfico; en el cine seguía mucho más a los directores de fotografía que a ningún otro cargo y me detuve a estudiar, entre otros, a Nestor Almendros, al que no he dejado de admirar por esa naturalidad inconfundible y transparente que desprende la atmósfera visual de cada una de sus películas y por ese esfuerzo genial que significa para un director de fotografía el justificar, a ojos del espectador, los puntos de luz que construyen la escena y aun así conseguir que la escena tenga la intensidad, la naturalidad y la emoción visual requerida. Nestor Almendros era un verdadero maestro, capaz de mantener siempre un pulso maravilloso entre la coherencia de la luz, tal y como él la entendía y la lucidez de cada plano. Por aquellas fechas pude ver un ciclo que le dedicó la Filmoteca de Barcelona, con varios títulos de François Truffaut, varios de Eric Rohmer, también con ‘Dias del Cielo’ de Terrence Malick por la que le dieron el Oscar a la mejor fotografía y Mes petites amoureuses” de Jean Eustache, una película encantadora donde las haya y que me gustaría que volvieran a estrenar en cine pues es de esas películas que, como todas las que soportan el paso del tiempo y que no son tantas, se ve mucho mejor en un cine que en cualquier otro lugar.

*Nestor Almendros. Imagen extraída de El Mundo.es

Y por esa época, descubrí también a Ansel Adams, un referente para muchos fotógrafos y cineastas por esa capacidad que tenía de extraer en blanco y negro tantísimos matices en un paisaje. Un clásico donde los haya, con el que aprendí, entre otros aspectos fotográficos, que el blanco y negro puede ir mucho más allá, en cuanto a las gamas de grises, de lo que uno nunca hubiese podido imaginar. De hecho, con la intención de seguirle los pasos, es decir, desde la práctica,  aprendí también que aquello que la mirada de uno observa como natural en los paisajes de Ansel Adams, tiene un exquisito y profundo trabajo detrás, próximo incluso a ese maravilloso virtuosismo de un músico que es genial. Evidentemente nunca llegué a hacer un sólo paisaje con la mitad de gamas de grises que él ofrece en cualquiera de sus fotografías pero disfruté muchísimo revelando sin  descanso bajo la oscuridad de mi habitación, sellada con papel y cartulina negra y con una ampliadora, la Opemus 6 que nunca me falló.

*Autorretrato de Ansel Adams. Extraída del bloc  …Y mientras tanto.

Pero volviendo a lo que me ocupaba, entre esos fotógrafos y esas imágenes por las que me estaba interesando y que me enseñaban a mirar ofreciéndome nuevas maneras de aproximarme al mundo, cayó en mis manos un libro de mi tía Gloria de fotografías y cartas de Lewis Carroll, cuya edición era realmente especial. Era un libro muy grande de tapas duras de terciopelo azul y con letras doradas incrustadas.  El libro se llamaba exactamente Cartas a niñas y compruebo ahora, porque lo tengo entre las manos, que era una edición y traducción de Luis Maristany, editada en 1987 por Plaza y Janés editores.

Una de las cartas publicadas en el libro “Cartas a niñas” de Lewis Carroll cuya edición y traducción es de Luis Maristany. Editado por Plaza y Janés

Pues bien, entre las fotografías a niñas y las correspondencias entre Lewis Carroll y algunas de esas niñas, publicadas en ese libro, una imagen y una mirada, la de Alice Liddell, me trasladaron a una época y en concreto a un instante fotográfico que sucedió en la segunda mitad del S.XIX; ese instante en el que Lewis Carroll fotografíó a Alice Liddell -la niña que dicen le inspiró para escribir ‘Alicia en el país de las maravillas’- .

*Alice Liddell. Alice, disfrazada de mendiga. Fotografía de Charles Dodgson, nombre real de Lewis Carroll (1858). Extraída de Wikimedia Commons

Aunque esa fotografía cautivadora y el hecho de pensar que, en aquellos primeros pasos de la fotografía, Alice Liddell debió permanecer mucho tiempo quieta durante la exposición de su imagen fueron las primeras excusas para que me lanzase a escribir el guión de este corto, tengo claro que otros dos aspectos, quizá más esenciales e inconscientes, fueron los verdaderos motores que hicieron existir a Alicia Retratada, por un lado, mis vínculos con la educación y la pedagogía a través de mi madre que es pedagoga y por otro y quizá la razón fundamental, esa necesidad imperiosa, que espero tener siempre y que ya se apuntaba en Fuente Álamo, la caricia del tiempo, de no olvidar mi infancia.

*Cristina Morales. Actriz de Alicia Retratada. Imagen tomada durante el rodaje en campos próximos a Fuente Álamo (Albacete). Año 2002.