Una película que hice porque tenía necesidad de atrapar mucho de lo que había vivido de pequeño y de adolescente en el pueblo que vio nacer a mi abuela María y a mi padre Ramón. Al alejarme del pueblo y venir a vivir a Barcelona con la idea de estudiar cine, empecé a tener la necesidad imperiosa de no dejar escapar aquel maravilloso regusto de los juegos de infancia y de los primeros pasos por la adolescencia. En 1995, cuando ya llevaba mi segundo año en la escuela de cine, decidí escribir un guión cinematográfico basado en aquellos recuerdos y sensaciones tan profundas que me habían dejado las personas de Fuente Álamo y las tierras manchegas, cuyos campos no terminan nunca pero siempre están cambiando de color. De ese guión, premiado como proyecto en el festival de l’Alternativa de 1995, salió el germen que luego fue Fuente Álamo, la caricia del tiempo, un largometraje del que la crítica siempre ha alabado, entre otras cosas, su carácter universal y a la que le concedieron el premio de la ciudad en el Festival de Medi Ambient de Sant Feliu de Guíxols (2002).

Mi abuela María López Calero, en una escena de la película en su casa del pueblo de Fuente Álamo (Albacete).

Fotograma de la película de Fuente Álamo. Entrada al pueblo.

A parte de ser mi primer largometraje y de esa intención de atrapar mis sensaciones de infancia o de haber podido filmar a gente tan querida como mi abuela María, Pedro el tractorista de la casa de Las Parideras, mis primos pequeños, mis amigos de adolescencia, esta película también me trae muy buenos recuerdos porque está hecha desde el corazón y con la ilusión de muchos compañeros de aquella época que además de ser exquisitos profesionales, fueron también un apoyo inconmensurable a la hora de poder llevar a cabo este proyecto.

Uno de los días de rodaje con el rebaño de Guillermo, pastor que aparece en diversas escenas de la película. Marc Cistaré, el director de fotografía, junto a otros miembros del equipo. Fotografía realizada por Fernando Pascual.

En ese sentido, aprovecho para agradecer desde este blog el esfuerzo, la calidad humana, la capacidad profesional y sobre todo el apoyo constante e incondicional de Leonor Miró, Isabel Castella y Verónica Font que después de haber pasado por “la batalla” que supuso el rodaje de Fuente Álamo, la caricia del tiempo aun hoy, habiendo pasado ya más de 15 años, continuamos trabajando juntos; a Yolanda Olmos que no pudo estar en el rodaje pero que fue un valuarte inexpugnable para, desde Doble Banda, conseguir una gran difusión y con ello esa maravillosa acogida que tuvo la película entre la crítica,  además de hacer que recorriese medio mundo enviándola sin descanso a infinidad de festivales internacionales.

Otro de los días de rodaje en la balsa del Tollo (Fuente Álamo) que nos cedió tan amablemente la familia Arnedo. Gran parte del equipo de rodaje y alguno de los niños protagonistas. Fotografía realizada por Fernando Pascual.

 Escena que se hizo en honor al baile de los gazpachos, un baile tradicional del pueblo de Fuente Álamo, que además es el colofón de la película. Como puede verse en la imagen, en esta secuencia colaboró muchísima gente del pueblo. Fotografía realizada por Fernando Pascual.

A Albert Espel, Marc Cistaré, José Rodríguez, Joan Lluró, Josep Martí, Eduard Aguiló, Jordi ventura, Raquel Espada, Ramón Cabrera, Juan Dibarboure, Xavi Gaja, Oscar Diez, Gemma Ortells, Arturo Rius,  Bárbara Blasco y Carmen Ricart como miembros del equipo de rodaje, por todo el trabajo que supuso rodarla -ellos lo saben mejor que nadie- y por la tremenda energía que pusieron sin descanso; por sus bellas imágenes, por su sonido tan certero, por la amabilidad con que se relacionaron con la gente del pueblo, por los buenos ratos que pasamos, por su talento y en esencia, por haber estado ahí.  A Juan Sánchez “Cuti”, Oriol Cuspinera “Cuspi” y de nuevo a Verónica Font por ese trabajo de sonido tan excepcional y exquisito que sólo alcanzo a definir, diciendo que al escucharlo en un cine estás, quieras o no, en el mismísimo pueblo que da nombre a la película: Fuente Álamo.  A  David Vericat por sus enseñanzas y por haber sido tan certero en “el tempo” de montaje, aspecto éste que pienso es uno de los que mejor determina las virtudes o las carencias de una película.

Cartel de promoción de la película. Diseñado por el gran artista e íntimo amigo Juanvi Monzo y cuya imagen proviene de la maravillosa serie de fotografías de rodaje realizadas por Fernando Pascual. En la imagen, Fernando Auñón y Alejandro Bengochea.

También recuerdo la dedicación de Fernando Pascual como foto fija de una de cuyas fotos surgió el exquisito cartel  de promoción que diseñó Juanvi Monzo; a Víctor Sanz que compuso una canción manchega que se escucha en el baile final y que titulamos “La Mancha, querida”; a Pascual Marco y a Fernando Amat por los buenos ratos que pasamos grabando sus voces para crear la banda sonora de la radio; a Vicente Caballer por lanzarnos, a deshoras y repetidas veces, el pregón desde los altavoces del campanario de la iglesia; al grupo Los Cronopios en pleno por tocar una tras otra la canción de “Ya Ves” a altas horas de la madrugada; al cura Don Antonio por prestarse a aparecer en la película y cedernos la iglesia tan amablemente, a Begoña Auñón por arreglar los jardines de algunas de las localizaciones y a la familia Auñón por darme tantas cosas en la vida.

En un momento de descanso en al balsa del Tollo (Fuente Álamo). De izquierda a derecha, Gemma Ortells (Directora Artística), Beatriz, Marina y Verónica Auñón tres de las niñas protagonistas de la película. Fotografía realizada por Fernando Pascual.

Otro de los momentos de rodaje en la balsa del Tollo (Fuente Álamo). De izquierda a derecha, Verónica, Beatriz y  Fernando Auñón, Alejandro Bengochea y Marina Auñón, el grupo de niños y niñas protagonistas de la película. Fotografía realizada por Fernando Pascual.

Escena de la película en el interior de una fábrica de zapatos. De izquierda a derecha, Mª Isabel Tárraga, Sonia Muñoz, Leonor Cuesta y Mila García.

Entre toma y toma, comentando con Guillermo Ortiz, el pastor y Pedro Carbonell, el tractorista de la finca Las Parideras y uno de mis mejores maestros en la vida, algún aspecto del complejo travelling que nos disponíamos a rodar instantes después. Fotografía de Fernando Pascual.

También, cómo no, al ayuntamiento de Fuente Álamo y a toda la gente del pueblo porque sin sus aportaciones económicas y sin su inestimable ayuda esta película no existiría y a mis primos Fernando Auñón y Dani López por estar ahí cada día recordándome, incluso aun hoy, pasajes y anécdotas de aquellos tiempos.

Y agradecer también de forma muy especial, el haberme encontrado en el camino con Luis Miñarro (productor) que nada más ver un primer montaje creyó en Fuente Álamo, la caricia del tiempo  y apostó por nosotros, un equipo de jóvenes que empezábamos, entrando como coproductor con Eddie Saeta junto a nuestra empresa Producciones Doble Banda en un momento en que era crucial que así fuese e invirtió en la difusión y en la pos-producción para que pudiésemos tirar copias en 35mm; no hay que olvidar que en aquellos tiempos ese aspecto era indispensable para poder estar en festivales, entre otros, la Ceminci de Valladolid (2001) o estrenarse en cines. Posiblemente sin la mirada y el apoyo de Luís Miñarro esta película, siendo la misma, se hubiese quedado en un cajón.

Y por último, como siempre digo, las almas de esta película, mi abuela María López Calero, sus hermanos Marina y Aureliano y mis padres, Ramón y Nuria. Sin ellos nada de esto hubiese ocurrido.

En este blog puedes ver el trailer de la película pero si te apetece verla íntegramente lo puedes hacer por solo 1.95€ en Filmin. Si quieres verla, sigue el enlace aquí.