Muchas veces me preguntan si mis películas son ficción o documental. A veces las respuestas no son tan diafanas o concretas como a algunos les gustaría. Esta es una historia acerca del germen de este proyecto y de su evolución:

Una historia entre Violeta Arana, hija de Yolanda Olmos (productora ejecutiva del corto) y Diana Ferré la niña protagonista de “Oblidant a Nonot”.

El caso es que Violeta es la niña que me inspiró a la hora de escribir el guión pues años atrás a ella se le había perdido su gata y con la ayuda de su madre habían salido a la calle a colgar sus dibujos para encontrarla. Pero no sólo es la inspiradora de la historia sino que su casa y su habitación fueron localizaciones de rodaje y sus juguetes, cuentos, papeles, ceras y lápices de colores son los que manipula Diana en muchas de las escenas que aparecen en la película. Pues bien, todos estos datos que podrían parecer pasajeros adquieren otra dimensión cuando Violeta, unas horas antes de iniciar el rodaje, me preguntó junto a Diana, a la que Violeta acababa de conocer, qué porqué era Diana la protagonista y no ella, si era a ella a la que se le había perdido el gato. Cuando, con cara de pocas ideas y después de pensar un instante, le contesté que Diana sabía signar y que la protagonista del guión era una niña sorda, ella me contestó que en las películas todo era ficción y que ella también sabía signar y que podía hacerse la sorda perfectamente. Durante un rato hizo ver que no me oía y además me demostró que sabía signar porque Diana, nada más conocerla, ya le había enseñado un puñado de signos: casa, perro, tortuga, escuela, madre… La dimensión del asunto pasó a ser épica para mi como director que trataba de ganarse a su protagonista, cuando además Diana cogió a su nueva amiga de la mano y deteniéndose un instante frente a mi, me dijo oralmente (pues Diana tiene una sordera media y usa tanto la lengua de signos como la oral) que a ella no le gustaban nada los gatos y que no pensaba buscar a Nonot. Luego, ambas salieron de la habitación y se fueron a jugar a la calle.

En ese momento el guión del corto aun se llamaba “Buscando a Nonot”.

Al llevarse a Violeta y decirme que no le gustaban los gatos, Diana me estaba dando las claves para trabajar con ella: iba a ser una niña independiente, sólo íbamos a trabajar cuando ella tuviese ganas y además no iba a buscar al gato. Gracias a esas consideraciones que tuvo Diana hacia a mi, empecé a filmarla desde la observación y desde “el dejar hacer” y me busqué las herramientas cinematográficas para que así fuese. Un día la filmábamos mirando algo y otro día decidíamos filmar aquello que nos sugería la mirada filmada el día anterior; un día la filmábamos jugando en el patio con sus amigos y según ese material, otro día decidíamos que filmaríamos en ese mismo patio para contraponer a sus juegos de aquel día…

Pues bien, a lo largo del rodaje, Violeta y Diana reforzaron su amistad y posteriormente cuando estrenamos el corto en Barcelona, ambas tuvieron ocasión de ver juntas el estreno. Diana sentada junto a Violeta le tradujo durante la proyección todas las escenas que están signadas en la película y en muchas ocasiones aprovechaba para explicarle, en función de las imágenes del corto, como era su escuela, quienes eran sus amigos y quien era Pepita Cedillo, también su profesora en Tres Pins.

En aquel momento, la realidad que se desprendía de los propios latidos del corto, bajo el prisma de la mirada de Diana traspasó las puertas de la ficción para entrar en los ojos de Violeta y convertirse en una nueva historia, más ficción o más documental, quien sabe…